La fábrica de las ideas brillantes

Un día se encontraba trabajando un hombre llamado Leñador, apodado así por sus amigos por la simple razón de ser una persona que cortaba de raíz todo lo que le detenía de ser el mejor. Todo lo que hacía Leñador marcaba una diferencia. No era el presidente o ejecutivo de la empresa, pero su trabajo era reconocido por todos. Trabajo que nadie se animaba a hacer, se le cedía a este hombre que, su cara seria y con cicatrices en las manos nos describe que la vida es dura y que si no te antepones a ella, te golpeara hasta que termines knock-out (noqueado).

Un día Leñador se encontró con una dificultad, no podía arreglar la maquina que se encargaba de producir el producto de la empresa en que trabajaba. Durante el día no encontró manera y al parecer mientras intentaba descansar por la noche, se ingeniaba en su mente lo que podría hacer para encontrar solución a su problema. Pasaron semanas y el jefe le dijo que de esa maquina dependía su futuro.

Al pasar las semanas encontró la solución y no solo eso, descubrió que durante los momentos de estrés las ideas brillantes surgen, se reproducen en masa sin detenerse. Lo que se le ocurrió hacer trajo tanto beneficio a la empresa que hasta recibió una promoción.

En este proceso aprendió que en los momentos de crisis se desarrolla la creatividad y es el despertar del gigante que se encontraba dormido en su interior. Su apodo se afirmo más en su corazón. Estaba convencido que esa adversidad corto de raíz el conformismo y la mediocridad.

Con esta parábola, quiero decirte el día de hoy, que en la vida diaria, en el estrés de cada día. En la crisis y en las noches de insomnio por algún problema que aqueja tu caminar, es precisamente el entrenamiento para un nuevo nivel. Es el despertar de lo nuevo de Dios para tu vida. ¡Es precisamente la fabrica de las ideas brillantes!

 

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