Llevémosle una Big Mac a Jesús

Mientras el Maestro estaba ocupado en la obra del reino, sus discípulos fueron por algo de comida. Quizás por un momento se pusieron a discutir entre pizza, hamburguesa, pescado al vapor, entre otros bocadillos que serian el plato ideal para un almuerzo de lujo. Si, fue quizás una elección difícil, muy similar a las salidas que tenemos con nuestros amigos, cuando uno salta por ahí y dice: “No, pizza no, comí ayer en la noche”, cuando de repente el otro interrumpe en la conversación de WhatsApp, diciendo: “Yo prefiero una hamburguesa, ummm que rico”. ¿Qué difícil ponerse de acuerdo no?

Pongámonos de acuerdo…

Convengamos que los discípulos de Jesús decidieron comprar un par de hamburguesas para llevar y eligieron para Jesús una Big Mac, tal vez atinándole un poco a lo que él quería, o lo que para ellos sería el mejor almuerzo, comida chatarra no está de mal un día como hoy dijo por ahí Pedro.

Mientras caminaban de regreso…

Como todo buen grupo de amigos no vienen serios y estirados, sino más bien, vienen peleándose por una papa frita, comiéndose algunas antes de orar, molestándose unos con otros. Si, por supuesto Pedro diciendo: “Ni se les ocurra tocar la Big Mac de Jesús, ha de estar hambriento”.  Mientras llegaban al lugar de destino vieron que Jesús hablaba con una mujer. Si, con la mujer samaritana;  pero nadie se atrevió a preguntarle sobre el tema. Solamente respondieron lo siguiente:

“—Rabí, come algo.

32 —Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —replicó él.

33 « ¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos.

34 —Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús—.” Juan 4:30-34.

¿Por qué elegí comida chatarra?

Porque quiero ilustrarte un principio poderoso.

Cuando comemos comida chatarra sentimos que no nos hemos alimentado y a las pocas horas volvemos a sentir hambre. Es como si no hubiéramos comida nada. ¿No es cierto?

La comida chatarra tipifica los afanes de la vida, un deseo profundo de nuestro corazón, encontrar pareja, tener el trabajo de nuestros sueños, alcanzar el éxito, nunca fracasar, caerle bien a la suegra, tener un carro de lujo, entre otras cosas. Quizás eso no está mal; pero deseo que analices conmigo lo siguiente.

Lo interesante es que Jesús responde que su alimento es hacer la voluntad de Dios, de su Padre. El estaba diciendo que el alimento que Dios da a través de él, es una clase de comida que jamás volverás a tener hambre, es decir el saciará tu alma completamente. Sustentará todo tu ser.

Míralo de esta manera, el Maestro no se refirió a una posición de éxito, tener una casa, tener un gran puesto, alcanzar las metas; sino hacer la voluntad del Padre. Quiero decirte que si te encuentras en la exacta voluntad de Dios realmente serás feliz, porque eso te dará una seguridad de destino y pertenencia como ninguna otra cosa. Y sin importar las circunstancias de tu vida, duras o hermosas, si sabes en lo profundo de tu corazón que te encuentras en el meollo de la voluntad de Dios, entonces siempre estarás en el mejor capitulo de tu vida, porque cuando termine tu película al final de tus días. Dios vendrá y te dirá: “¡Bien hecho hijo, hiciste tu papel como todo un campeón!”.

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